martes, 28 de enero de 2014

Bruno Munari en el Soto


Quince días permaneció en nuestro país Bruno Munari, quien llegó a Ciudad Bolívar procedente de Milán, Italia, para el montaje e inauguración de su exposición antológica y para la realización de viarios talleres didácticos.
Bruno Munari 1.jpg         La muestra fue inaugurada el viernes 21 de septiembre de 1984, a las 8 de la noche, y según informaron los directores del Museo de Arte Moderno de la Fundación Soto, Getulio Alviani y Gloria Carnevali (en la foto), constaba de seis renglones toda vez que el artista italiano, de 76 años, contemporáneo de Max Hill, y uno de los pioneros del arte programático, es una figura de actividad polivalente. Escultor, pintor y su investigación en el orden plástico la ha aplicado en otros campos de la producción como es el diseño industrial, el diseño gráfico, la proyección didáctica, la proyección fílmica y de materia.
         Esta exposición de carácter antológico y que recorrió ocho museos del país, incluyendo al de Bellas Artes de Caracas, contenía lo mejor de Bruno Munari en cada uno de los campos trabajados por él.
         Munari realizó talleres con niños, adolescentes, adultos y personas interesadas, sobre cerámica, técnicas de impresión, investigación de materiales, especialmente los propios de la región, como el moriche.
         Escogió el Museo Soto como punto de partida y de motivación para promover la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad Experimental de Guayana en Ciudad Bolívar.
         Bruno Munari es un artista que se distingue porque sus obras están realizadas y las trabaja con la máxima economía, buscando siempre resolver los problemas de la manera más fácil. El es uno de los protagonistas del arte programático, un arte que nació en los años del 60, asociado con los avances de la industria y la tecnología.
         Se adelantó a Calder con sus máquinas inútiles, pero quien adquirió fama fue Calder porque trabajó sus móviles de formas orgánicas con la idea de la escultura artística, mientras que Munari lo hacía con sentido lúdico y especialmente para sus amigos. Cuando las obras de Calder se hicieron famosas, los amigos de Munari sacaron los móviles de los cuartos de los niños y los colocaron en la sala de recibo.
         Munari se conoce más en el mundo por su diseño industrial y, en Venezuela por su obra literaria. Alviani traza un parangón con Max Hill en virtud de la polivalencia de su arte, pero Max Hill es más cerrado mientras que Munari es más irónico y comunicativo.
La idea de una Escuela de Diseño Industrial se prendió en Getulio Alviani desde el mismo día en que conoció el movimiento industrial de Guayana y sus características foráneamente dependientes.
         De esto hacía tres años, cuando Soto quiso que él se encargara de la dirección internacional del Museo y sobre la marcha comenzó a trabajar en el proyecto, del cual no tenía por qué ser ajeno el Museo de Arte Moderno.
         La idea no sólo fue acogida plenamente por la Universidad de Guayana bajo la rectoría del doctor Sócrates Medina, sino también por Presidente de la República Luis Herrera Campíns. Alviani habló con él en el mes de octubre y le pareció que dicha Escuela encajaba dentro de las soluciones que buscaba la crisis del país.
         La Escuelas de Diseño Industrial hay pocas en el mundo.         El Brasil es el único país de Latinoamérica que la posee y ella indudablemente que ha transformado el sentido del hombre. Allá, gracias a esa Escuela, se vive en constante creación, se proyectan aviones, automóviles y muchos equipos y maquinarias que fabrica Brasil; en cambio, en Venezuela todo es ensamblado.
        

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