martes, 28 de enero de 2014

Bruno Munari en el Soto


Quince días permaneció en nuestro país Bruno Munari, quien llegó a Ciudad Bolívar procedente de Milán, Italia, para el montaje e inauguración de su exposición antológica y para la realización de viarios talleres didácticos.
Bruno Munari 1.jpg         La muestra fue inaugurada el viernes 21 de septiembre de 1984, a las 8 de la noche, y según informaron los directores del Museo de Arte Moderno de la Fundación Soto, Getulio Alviani y Gloria Carnevali (en la foto), constaba de seis renglones toda vez que el artista italiano, de 76 años, contemporáneo de Max Hill, y uno de los pioneros del arte programático, es una figura de actividad polivalente. Escultor, pintor y su investigación en el orden plástico la ha aplicado en otros campos de la producción como es el diseño industrial, el diseño gráfico, la proyección didáctica, la proyección fílmica y de materia.
         Esta exposición de carácter antológico y que recorrió ocho museos del país, incluyendo al de Bellas Artes de Caracas, contenía lo mejor de Bruno Munari en cada uno de los campos trabajados por él.
         Munari realizó talleres con niños, adolescentes, adultos y personas interesadas, sobre cerámica, técnicas de impresión, investigación de materiales, especialmente los propios de la región, como el moriche.
         Escogió el Museo Soto como punto de partida y de motivación para promover la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad Experimental de Guayana en Ciudad Bolívar.
         Bruno Munari es un artista que se distingue porque sus obras están realizadas y las trabaja con la máxima economía, buscando siempre resolver los problemas de la manera más fácil. El es uno de los protagonistas del arte programático, un arte que nació en los años del 60, asociado con los avances de la industria y la tecnología.
         Se adelantó a Calder con sus máquinas inútiles, pero quien adquirió fama fue Calder porque trabajó sus móviles de formas orgánicas con la idea de la escultura artística, mientras que Munari lo hacía con sentido lúdico y especialmente para sus amigos. Cuando las obras de Calder se hicieron famosas, los amigos de Munari sacaron los móviles de los cuartos de los niños y los colocaron en la sala de recibo.
         Munari se conoce más en el mundo por su diseño industrial y, en Venezuela por su obra literaria. Alviani traza un parangón con Max Hill en virtud de la polivalencia de su arte, pero Max Hill es más cerrado mientras que Munari es más irónico y comunicativo.
La idea de una Escuela de Diseño Industrial se prendió en Getulio Alviani desde el mismo día en que conoció el movimiento industrial de Guayana y sus características foráneamente dependientes.
         De esto hacía tres años, cuando Soto quiso que él se encargara de la dirección internacional del Museo y sobre la marcha comenzó a trabajar en el proyecto, del cual no tenía por qué ser ajeno el Museo de Arte Moderno.
         La idea no sólo fue acogida plenamente por la Universidad de Guayana bajo la rectoría del doctor Sócrates Medina, sino también por Presidente de la República Luis Herrera Campíns. Alviani habló con él en el mes de octubre y le pareció que dicha Escuela encajaba dentro de las soluciones que buscaba la crisis del país.
         La Escuelas de Diseño Industrial hay pocas en el mundo.         El Brasil es el único país de Latinoamérica que la posee y ella indudablemente que ha transformado el sentido del hombre. Allá, gracias a esa Escuela, se vive en constante creación, se proyectan aviones, automóviles y muchos equipos y maquinarias que fabrica Brasil; en cambio, en Venezuela todo es ensamblado.
        

martes, 21 de enero de 2014

Un libro de Soto en alemán

Un museo utópico y real
Un libro sobre  la obra de Jesús Soto, a quien se admira en Alemania, escribió el director del Instituto de Arte Moderno de Nuremberg, doctor Dietrich Mahlow, quien por primera vez  visitó Ciudad Bolívar el 4 de noviembre de 1972, junto con su esposa y conoció el Museo de Arte Moderno de la ciudad cuya inauguración oficial estaba prevista para los primeros días de diciembre.
Fue una sorpresa para Mahlow, quien se ve en la fotografía acompañado del director del Museo, Armando Gil Linares, el Licenciado Antonio López Escalona y el pintor Andrés Fajardo, visitar el Museo y encontrar a Jesús Soto, quien junto con Miguel Arroyo se ocupaba del montaje de unas 200 obras de maestros contemporáneos del cinetismo y positivismo que son patrimonio de la ciudad por donación del artista guayanés.
          Mahlow conocía a Soto desde hacía diez años y  su visita a Venezuela formaba parte de un recorrido general que realizaba por todos los Museos de América para conferenciar sobre el problema del arte moderno.  En esa ocasión intervino en el Museo de Bellas Artes de Caracas en un foro donde Miguel Arroyo sirvió de moderador.  Allí abordó los temas con relación al arte y su valor para la sociedad, imagen y escritura.
         En él explicó Mahlow que hoy en día los artistas necesitan grandes espacios y todo un sistema de instalaciones eléctricas para la presentación de sus obras y que ya esto de por sí es un problema actual del arte moderno.  Otras cuestiones que esbozó en la mesa redonda se refirieron a que muchos artistas creen que las obras no son lo más importante sino las ideas como el arte conceptual.  Se refirió igualmente al problema de cómo combinar la vida y el arte, cómo hacer a los hombres más creadores que es la pregunta que muchos artistas se formulan y que les cuesta responder.
         Disertó en la ocasión sobre las artes plásticas frente a los problemas más urgentes del hombre como la guerra, la opresión y su deseo de una vida mejor.  El doctor Dietrich Mahlow tuvo las palabras más emocionantes y elogiosas para el Museo Soto, al cual calificó de utopía real y de un mundo distinto dentro de una ciudad.  Dijo que muy  pocos lugares del mundo tienen un museo tan coherente y completo como el Soto.
         Sobre el Museo que Dietrch Mahlow dirige en Alemania dijo que su arquitectura moderna  crea un armonioso contraste con las adyacentes fortificaciones medievales. En el interior, una yuxtaposición única de arte contemporáneo internacional y diseño. La colección de arte, iniciada por la ciudad de Núremberg en 1967 y en constante ampliación gracias a adquisiciones, regalos y préstamos, ofrece un panorama de desarrollo artístico desde los años 60 en un amplio registro de soportes artísticos (pintura, escultura, fotografía, vídeo, etc.). La sección de diseño, formada por la colección del Museo Bávaro de Artes Aplicadas de Munich, ofrece una selección de paradigmas internacionales desde 1945 hasta el presente. Exposiciones especiales y programas relacionados se orientan a fomentar vivamente el interés en el arte contemporáneo y el diseño.  El Museo, que también aloja el Instituto de Arte Moderno de Núremberg y el Foro de Diseño de Núremberg, cuenta también con un auditorio, una tienda de libros y diseño y un restaurante, el "Proun".
Mahlow estudió ciencias de la administración, filosofía, historia del arte y la psicología en Freiburg. Fue varias veces miembro del comité de las bienales de Sao Paulo y Venecia. Comisario de exposiciones con cerca de 250 catálogo y editor de monografías de artistas y numerosas películas.





viernes, 17 de enero de 2014

El Rotor de Alejandro Otero

jueves, 26 de septiembre de 2013


Una réplica del Rotor de Alejandro Otero que desde  1973 se exhibe permanentemente en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Soto quería tenerla en el Museo de Arte Moderno de su natal Ciudad Bolívar.
Otero donó los planos de su Rotor a la Casa de la Cultura de Ciudad Bolívar que entonces se propuso una colecta pública para construir la pieza artística y donarla al Museo Soto.
Minina Rodríguez Lezama, quien viajó a Caracas para estar junto a su esposo Armando Gil Linares, director del Museo, en una reunión de la Fundación Soto, prometió la colecta pública intensiva y extensiva para hacer posible, además, un espejo de agua en la grama exterior del Museo en el que estarían colocados petroglifos de Guri como punto de referencia precolombina.
El espejo de agua y los petroglifos fue idea de Carlos Raúl Villanueva, autor del diseño y proyecto del museo, pero esto se quedó en deseo y promesa,  Jamás, fuera de las palabras, existió la voluntad de hacerlo realidad como tampoco aquel proyecto de un Faro en la Carioca.
Alejandro Otero, cuyo nacimiento e infancia transcurrieron entre El Manteco y Upata, realizó sus estudios en Ciudad Bolívar antes de residenciarse en Caracas para estudiar artes plásticas en la Cristóbal Rojas.  Por ese hecho que lo marcó tanto quiso dejar para la ciudad no sólo las obras pictóricas que se exhiben en el Museo Soto sino la ya citada escultura del Rotor y  otra consistente en un faro antorcha al final del Paseo Orinoco. La maqueta está en el Museo Soto aguardando que algún gobernante la haga realidad.
Ciudad Guayana ha sido mejor favorecida con las obras escultóricas de Otero: El Parque La Navidad, Integral vibrante, 1098, frente a la plante de Sidor y la Torre Solar de Guri.
La escultura del Parque La Navidad fue inaugurado el 2 de diciembre de 1988, con el auspicio de la empresa C.V.G. Venalum, está constituido por un parque infantil, un árbol de aluminio, un molino de viento, soldaditos de plomo, diferentes juegos para niños, caminerías y áreas verdes. Aquí podemos observar la escultura de un "Trolll", donado por los niños de Noruega, concebido como una muestra permanente del espíritu de la Navidad en la ciudad y es frecuentado por visitantes y residentes.
La Torre Solar de Alejandro Otero, de 50 metros de altura por 53 de diámetro en la parte superior,  instalada en la Plaza La Democracia, es como dice Alfredo Boulton “una estructura de encajes, que sobre el cielo negro va formando diferentes tramas de hilos de acero que parecen cien telas de araña superpuestas que giran alrededor de la gran columna de metal, sobre la cual se reflejan, en lento ritmo, las luces de la noche. Es, en ese instante, un instante de la mayor importancia. Nace un nuevo  idioma plástico en medio de un gran centro industrial. En lentos movimientos rotan los dos grandes cuerpos circulares: "dos turbinas eólicas superpuestas, girando cada una en un sentido inverso sobre un eje al final de un cilindro de concreto revestido de placas  metálicas en el que se utilizaron 57 toneladas de acero inoxidable", según refiere Otero. Las aspas  cóncavas hacen girar todo el  cuerpo superior de la escultura, el cual como un satélite espacial va  moviéndose en absoluto silencio,  por el aire, donde estallan miles de soles desde los módulos de acero, en su recorrido por las luces del día. Silenciosamente, como en un sueño, la Torre Solar va dando al cielo un nuevo sentido de habitabilidad aérea…”.

martes, 14 de enero de 2014

Nedo en el Museo Soto


Nedo, un pintor ítalo venezolano, del que se hablaba mucho en 1974, expuso a fines de marzo en el Museo de Arte Moderno Jesús Soto parte de su serie Reversámbito con la cual experimentaba resolver un problema de carácter espacial y de luz que lo obsesionaba.
         Soto había logrado la combinación de tiempo y espacio que es algo que se venía persiguiendo desde hacía mucho tiempo.  Él, en cambio, buscaba otra cosa y pudo al fin lograrlo, alterar la perspectiva de un hecho geométrico cumplido. Nedo lo logró con su serie “Reversánbito” o ámbito reversible que es un espacio que se devuelve sobre el mismo, tergiversando la perspectiva.
         Para ello, Nedo se valió del blanco como color único y dominante que cubre impecablemente variadísimas formas geométricas superpuestas sobre un fondo básico de madera tamaño gigante.  Es un problema de luz que juega un papel importante en su obra y el blanco se presta admirablemente para ese juego.  Además del blanco hay otro color casi imperceptible que le trasmite la luz.
         En esa ocasión el Maestro Jesús Soto adquirió dos obras de Nedo, asociados en una unidad, para patrimonio del Museo de Arte Moderno.  Esa obra formaba parte de la exposición de veinte piezas que fueron expuestas en la Sala Uno.  La cromovibrofonía del compositor Antonio Esteves que ambientaba todas las salas se adaptó admirablemente a la exposición.
         Nedo, nacido en Milán en 1928 y residenciado en Caracas desde 1950, venía de exponer en el Museo de Bellas Artes y allí volvió a exponer meses después numerosos diseños gráficos con motivo de la edición de su libro Letromaquia”, editado por Publicaciones Refolit y el cual recoge letras y números diseñados por él durante su larga vida de pintor. 
Nedo Mion Ferrario nació el 23 de septiembre de 1926 y está, considerado pionero del diseño gráfico venezolano.
Diversas generaciones de venezolanos adquirieron sólidos conocimientos del diseño, la tipografía y el dibujo gracias al patrimonio histórico-artístico legado por quien fue un diseñador y artista muy prolífico y hábil acuarelista e ilustrador. Gran parte de su vida la dedicó al diseño y la docencia.
Nedo diseñó unos sesenta alfabetos para ser utilizados en carteles, catálogos y logotipos, algunos de ellos dentro de la denominada familia Imposible, otros identificados como Reversibles y Computables. Dichos alfabetos radicaban en la realización de un trabajo sin descanso, movido siempre desde una exploración profunda y coherente de la geometría. Su pasión por las formas imposibles y la fabricación de ilusiones ópticas de tipo geométrico fueron los valores fundamentales y más característicos de su obra.
Buena parte de su aprendizaje la obtuvo de su padre, Emilio Mion Vianello, quien era cincelador, un oficio de linaje en Italia. A a finales de la Segundaguerra Mundial ambos decidieron abandonar Italia debido al clima político de aquellas fechas. Animados por la política venezolana de inmigración llegaron a Caracas en 1950.
Gracias a las relaciones públicas de su padre, uno de los primeros trabajos que tuvo en Venezuela fue la realización de una serie de ilustraciones para un periódico denominado "El País" y suplemento del diario “La Esfera” así como para otros proyectos didáctico-comerciales como el diseño de emblemas, logotipos, revistas, catálogos, carteles y campañas publicitarias para distintas marcas venezolanas y extranjeras.

Entre 1952 y 1953 realizó trabajos eventuales para la agencia de publicidad venezolana ARS Publicidad. Este trabajo va desde el diseño de las cajas de cigarrillos marca “Negro Primero” y “Alaska” hasta una extendida campaña de la transnacional petrolera Mobil. En 1959 asumió la dirección artística de la revista “El Farol”de la Creole Petrolium.

Anécdotas de Soto y su Museo


 Jesús Soto, fue monaguillo de la iglesia Santa Ana, ubicada en dirección diagonal a su antigua casa.  En cierta ocasión el párroco Rafael María Villamil, consciente de la situación económica de su familia le propuso a Emma Soto, madre del artista, que lo enviara al seminario. Pero Soto se puso muy triste porque según contaba, “no me imaginaba cura porque me gustaban mucho las mujeres”.
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Cuenta Ariel Jiménez en su libro “Conversaciones con Jesús Soto” que en el curso de una entrevista, el Maestro recordó  la alucinación visual que tuvo  a causa de unas fiebres muy altas que le hacía percibir “algo muy extraño, pero que me fascinaba y me producía un gran placer, hasta el punto de que no quería que mi mamá me curara, para poder verlo".   El artista confesó que "la visión consistía en que, observando a una persona, de repente la veía reducirse rápidamente hasta convertirse en un pequeño punto luminoso. Ese punto crecía luego hasta restituir la imagen de la persona. Eso lo veo claramente como si fuera hoy".
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En una de sus frecuentes viajes a Ciudad Bolívar, Soto visitó la Panadería “Deli-Pan” donde se encontraban desde temprano varios paisanos, entre ellos, Antonio López Escalona y el Morocho Porras, con los cuales entabló una amena conversación en la que no faltó el tema de la muerte, lo cual permitió a Soto decir que había pedido a su esposa e hijos que si moría en Francia fueran sus restos  trasladados e inhumados en el Cementerio Centurión de Ciudad Bolívar.   “Ni se le ocurra, Maestro, porque seguro que los malandros no vacilarían en violar la tumba para subastar sus huesos”, le atajó el Morocho Porras.
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Y no estaba el Morocho Porras lejos de la verdad, pues en otro viaje de Soto a Ciudad Bolívar junto con el pintor Víctor Valera y el poeta Luis Pastori se le ocurrió al trío ir a una fiesta por los lados de Vista Hermosa, pero luego por cierto imprevisto se dispersaron y cada quien trató de regresar a su hotel.  Luis Pastori se extravió y preguntó a un individuo por las inmediaciones de una Estación de Servicio ¿Cuál vía tomaba para llegar a su hotel?  El hombre le respondió que mejor preguntara a un agente del orden público. “Pero, señor es que no he visto a ninguno a 300 metros a la redonda”.  “Ah, pues entonces dame la cartera” dijo amenazándolo con un revólver.
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Soto estuvo siempre arraigado a las costumbres culinarias de su tierra, tanto que cuando llegaba a Venezuela procedente de Paris, tomaba la cola en cualquier aeronave de Avensa hasta Ciudad Bolívar a comprar casabe de Guasipati y queso de San Antonio de Upata, en el negocio de la Señora D´Pace y en el mismo avión, en cuestión de minutos, regresaba a Caracas.
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Era Soto un enamorado de las Ceibas que ahora la mano siniestra de los depredadores ha ido desapareciendo de Ciudad Bolívar.  Una tarde mientras con Juvenal Herrera tomaba vino Don Periñon, sentados en el quicio de la puerta del Yoraco de Cardozo Nilo, le sugirió a Américo Fernández, quien formaba parte del trío, que trasplantara una Ceiba que estaba naciendo en el solar de enfrente al patio de la casa de su madre Doña Enma.
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Un día de esos preferidos por el maestro Jesús Soto para visitar Ciudad Bolívar, se hallaba ante una de sus obras en el Museo,  explicándole ciertos aspectos a varios artistas jóvenes de la localidad, mientras en la misma sala formando otro grupo, en tertulia muy familiar aderezada con ciertas jocosidades, se hallaban los poetas Mimina Rodríguez Lezama, José Sánchez Negrón y Elías Inaty.  De repente se les acercó Soto nada amable y los sorprendió: “El día que ustedes interpreten esta obra mía, escribirán mejor poesía”.  Todos se quedaron boquiabiertos hasta que el poeta Sánchez Negròn exclamó a la chita callando: “Contrataré al mejor crítico de arte moderno, sólo para mi, los demás que se resuelvan”.
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Leopoldo Sucre Figarella, recién nombrado Presidente de la CVG, resolvió visitar, sin previo aviso, los trabajos de ampliación del Museo Soto y, en traje de faena, calzando botas altas, subió los escalones  pulidos de madera y entró en la amplia oficina administrativa sorprendiendo a la directora del Museo, Gloria Carnevali y su asistente la periodista Silvia Jastran, quienes casi se desmayan al sentir las zancadas estruendosas de Leopoldo estremeciendo las obras de Kandinski, Vasarelli y Paúl Klee.
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 Al periodista Guillermo Segundo Croes, Corresponsal de El Universal y Jefe de Prensa del Ejecutivo, le tocó cubrir una visita del Gobernador Oxford Arias a Upata en aquellos días en que la prensa nacional y local hablaban frecuentemente del pintor Jesús Soto, de sus estructuras cinéticas y la donación de su pinacoteca parisina para la creación de un Museo de Arte Moderno en Ciudad Bolívar.  Soto aparecía en las gráficas periodísticas con melena y bigotes, esbozando un parecido con el periodista Guillermo Segundo Croes, de suerte que la confusión para muchos fue evidente y se puso de manifiesto durante las caminatas del Gobernador por las calles del Yocoima, pues los upatenses abordaban a su jefe de prensa con inusual curiosidad, le sonreían admirados y le pedían firmara o trazara rayas en cualquier papelito.
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Soto, amigo de Alfredo Sadel, lo invitó para que lo acompañara a Ciudad Bolívar y estando ambos de visita en la casa del doctor Elías Inatti, a Sadel se le presentó un percance:  No podía cantar porque sentía un oído tapado.  Inmediatamente Elías lo llevó al consultorio de su colega Vinicio Grillet y éste los recibió con una botella de güisqui.  Sadel reaccionó, “Doctor, yo no vine a tomar güisqui sino a ver que tengo en el oído”.  “No se preocupe que lo va a necesitar” respondió Grillet y le aplicó el scopio.  Ven a ver Elías y Elías dijo que veía una nube azulada.  A lo que de seguida pensó en voz alta Sadel: “Debe ser el jabón azul con el cual me baño”.

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El Arrendajo de Soto

        Un arrendajo de los llanos que hacía quince años le regalaron al pintor Jesús Soto lo lloraron por perdido, pero la alegría volvió al rostro de la familia cuando un hermano del artista lo regresó después que había volado hasta El Callao, a más de 200 kilómetros de Ciudad Bolívar.
        En El Callao vivía y trabajaba para Minerven el técnico geólogo Alfredo Soto, hermano del pintor. El pájaro negro y amarillo como un turpial olió el rastro de su antiguo amigo y allá fue a tener para almorzar tajada, arroz, carne mechada y caraotas. El clásico pabellón que tanto le gusta.
        Era un ave increíble, remedaba ciertas expresiones, se llevaba bien con los niños y se engrinchaba de rabia cuando se le acercaban persona no de su agrado.
        Con las mujeres generalmente resultaba amable. También con Soto, su dueño, cuando venía y se lo llevan al pecho para acariciarlo, con todos los de la familia y especialmente con los niños Alfredo y Marisela, sobrinos del pintor, y quienes le prodigaban cuidados desde que la madre del artista murió el 21 de septiembre de 1975.
        Por cierto que cuando doña Emma murió le abrieron la jaula al arrendajo para que se fuera, pero el pájaro se quedó rondando la casa, aprendiendo de nuevo a volar por la arboleda del patio cantando como siempre al despuntar la mañana y chillando a la hora de la comida.
        Hasta que falleció, doña Enma lo había mantenido enjaulado y desde entonces era libre como el viento, sólo que nada quería con los otros pájaros. Volaba de rama en rama por los árboles de las casas vecinas y luego se regresaba a la hora en que la familia Soto se sentaba a la mesa o a las seis cuando el Sol comenzaba a ocultarse tras del Puente Angostura.
        Cuando se ausentó, nadie sabía el paradero de “Bandido” como lo llamaban en casa, lo lloraban por perdido hasta que el geólogo dio cuenta de él. Nadie sabe como pudo volar tantos kilómetros para llegar a la vivienda de Alfredo Soto en las minas auríferas de El Callao. Muchas personas en la ciudad lo dudaron y las que no, tejieron sus conjeturas. Lo cierto es que el arrendajo tan apegado a la familia del pintor a veces se salía con la suya. Los vecinos se deleitaban comentando las travesuras del pájaro como si fuera las de un niño.
        Cuando vagabundeaba hasta muy tarde fuera de la casa y se le dificultaba el regreso, chillaba hasta más no poder para que lo oyera el vecindario y avisara a su casa. Entonces Alfredo, el sobrino de Soto, iba a buscarlo. Cuando el árbol era alto y no podía monearla, utilizaba una escalera siempre a la mano para esa tarea.
        Soto cuando escribía desde París, desde España o los Pirineos  siempre tenía un saludo especial y muy tierno para su viejo arrendajo. Era el único sobreviviente de varios que hacía años, por los días de la Semana Santa, lo trajo su otro hermano “El Negro” desde los llanos de El Tigre.
        Era el consentido de la casa y una vez el perro “Tomy” un poco celoso, lo sacó de la jaula y pensaba engullírselo cuando el arrendajo dio unos chillidos tan fuertes que despertó a todo el vecindario. Entonces quien iba a morir era el perro que de la tunda que llevó pasó casi una semana fuera de casa.
        Alfredo Sadel cuando estuvo en Ciudad Bolívar acompañando a Soto en la inauguración del museo, se entusiasmó con el pájaro y le ofreció a doña Emma cinco mil bolívares, pero “Bandido” no estaba en venta. Sadel ignoraba que el pájaro fuera de Soto.
        Irma Soto, la maestra hermana del pintor, dijo cuando se fugó que si “Bandido” la cogía de nuevo por irse para El Callao, se vería obligada a enjaularlo o decirle a Soto cuando volviera que se lo llevara para Los Pirineos.



Museo de Arte Moderno


  


Fue decretado el 27 de octubre de 1969 por el Gobernador Eduardo Oxford-Arias, realizado durante la gestión del Gobernador Manuel Garrido Mendoza e inaugurado por el Presidente de la República Rafael Caldera, el 25 de agosto de 1973, pero el Museo nació mucho  antes, tal vez cuando el maestro Jesús Soto planteó la idea al ganar en 1959 el Premio Nacional de Pintura.

Víctor Vasarely, pionero del cinetismo que luego abandonó, con un conjunto de obras canjeadas logró un Museo para su patria Hungría. Soto, creyendo que podía hacer lo mismo, se aventuró en una empresa similar y así Ciudad Bolívar tuvo también de pronto su Museo.
Soto contaba con una buena e interesante pinacoteca integrada por obras propias y de otros artistas constructivistas, incluyendo vanguardistas de esa corriente, de manera que en 1959, cuando obtuvo el Premio Nacional de Pintura, planteó la idea a Miguel Arroyo, director del Museo de Bellas Artes y a Clara Diamend de Sojo, directora de una galería caraqueña de arte moderno.
Ambos vinieron a Ciudad Bolívar comisionados por Soto en la ocasión de fundarse la Casa de la Cultura por iniciativa de Mínima Rodríguez Lezama, David Alizo, Mercedes Quiroga, Germán González Seguías, Elías Inati y quien esto escribe. La reunión se realizó en la Biblioteca Rómulo Gallegos y los visitantes hablaron sobre el Museo Moderno como agente catalizador, aglutinador, efervescente y modificador de los gustos de una sociedad. Esbozaron finalmente el proyecto de Soto y animaron a la Casa de la Cultura para que se erigiera en abanderada de esta idea.
La colección de obras artística estaba lista y dispuesta en París. Sólo había que gestionar el espacio físico, para lo cual parecía venir bien entonces la Casa de las Doce Ventanas, antigua arquitectura que establecería un contraste interesante con el arte moderno. La sucesión Machado Liccioni pedía 200 mil bolívares por la casa en ruinas. Intentamos interesar al gobernador Rafael Sonoja Valladares y presentó el inconveniente de la falta de disponibilidad presupuestaria en el año final de su gestión (1968).
Con el cambio de gobierno las cosas mejoraron notablemente, pues el gobernador Carlos Eduardo Oxford Arias y el Secretario de Gobierno Paúl von Büren eran amigos del Maestro Jesús Soto y no sólo estaban al tanto del proyecto, sino que lo aupaban. De suerte que en vez de adquirir la Casa de las Doce Ventanas, el Gobernador decidió construir un Museo de arquitectura moderna y por Decreto 9 del 27 de octubre de 1969 así lo dispuso llevando ya el nombre del artista y asignando para el inicio de la obra en la Ley de Presupuesto a ejecutarse al año siguiente, la cantidad de 300 mil bolívares.


El Museo una realidad

            Localizar, adquirir el terreno, diseñar, proyectar y construir la obra tardó tres años y ocho meses. La arquitectura del Museo de por sí ya es una obra de arte en la cual se esmeró Carlos Raúl Villanueva (1906-1976), arquitecto de los Museos Bellas Artes de Caracas y de Ciencias Naturales como de la Ciudad Universitaria que es el ensayo más completo que se ha hecho de integración artística en Venezuela.  En su honor la Casa de la Cultura se adicionó su nombre.
            La obra, aunque fue decretada por Oxford Arias, su construcción fue posible durante la gestión gubernamental del arquitecto Manuel Garrido Mendoza y tocó en suerte al Presidente de la República. Dr. Rafael Caldera, inaugurarla el 25 de agosto de 1973.
            Costó un millón 300 mil bolívares y fue abierto con importantes obras de arte ofrecidas por Soto en calidad de comodato y cuyo valor entonces se estimaba en 10 millones de bolívares. El Maestro Antonio Estévez se integró al Museo con su obra Microvibrafonía Múltiple. Pero ya la música de Estévez no está. Brilla por su ausencia. Los únicos sonidos que invaden ahora las salas del Museo provienen de los Penetrables Sonoros que han vuelto después de largos años de ausencia junto con los Penetrables Silentes.       
            El discurso del acto inaugural del Museo en 1973, al que asistieron notables personalidades del mundo artístico e intelectual, nacional e internacional, estuvo a cargo de Alfredo Boulton, quien presentó al Museo como “un desafío a lo sedentario y arcaico... un grito en la plaza pública para gente joven de espíritu que quiere lanzarse a su propia y suprema aventura creadora”.
            Caldera, quien en esa ocasión recibió el Collar de Angostura igual que Soto la Orden de Andrés Bello, encontró en la obra de Soto como en la de los otros expositores “una capacidad ilimitada de creación en pleno desarrollo”, mientras Cruz Diez comparó la existencia del Museo con un detonante en un país donde la noción del mundo se define por las consignas de partido.
            El Museo, administrado por una Fundación del gobierno regional que preside Soto, se inició bajo la dirección de Armando Gil Linares, quien meses antes se había ganado el primer premio del Salón Alejandro Otero de la Casa de la Cultura. La primera directiva de la Fundación estuvo integrada, además de Jesús Soto en calidad de Presidente, por Alfredo Boulton como Vicepresidente; Carlos Raúl Villanueva, Guillermo Meneses, Miguel Arroyo, Hans Neumann, Miquel Otero Silva, Simón Alberto Consalvi, Luis Pastori, Silvia Boulton de Ellis, María Teresa Castillo, Margot de Villanueva, Sofía Imberg, Narciso Debourg, Lourdes Blanco de Arroyo y Ángel Ramos Giugni.
            El Museo cuenta en la actualidad con más de 500 obras de artistas nacionales e internacionales del siglo XX. En esa colección se encuentran representados artistas de la Vanguardia histórica rusa, del Neoplasticismo, la Abstracción Geométrica, del Arte concreto, monocrómico, cinético, óptico, programado, sistemático y experimental.
            Se encuentran en el Museo obras de artistas de renombre internacional como Kasimir Malevich, Robert Jacobsen, Alberto Magbelli, Kenneth Snelson, Georges Rickey, Natalia Gontcharova, Pavel Mansouroff, André Heurtaux, Jesús Soto, Man Ray, Josef Albers, Jean Tinguely, Fortunato Depero, Jean Gorin, Lucio Fontana, Lajos Kassak,  Víctor Vasarely, Michel Seuphor, Henryk Stazewski, Mauro Reggiani, Auguste Herbin, Sonia Delaunay, Marcel Louis Baugnet, Serge Poliakoff, Wassil Kandinsky, Johannes Itten, Jean Arp, Theo Van Doesburg, Hans Richter, Ilya Chashnik, Liubov Popova y Henryk Berlewi.
           

Segunda etapa del Museo

            En la avenida Germania, a 800 metros del Aeropuerto de la ciudad, la CVG construyó la segunda etapa del Museo, la cual fue inaugurada en noviembre de 1987 por el Ministro Leopoldo Sucre Figarella, a un costo de 32 millones de bolívares.
            Las obras de ampliación tardaron unos diez años, diseñadas conforme a la arquitectura de la primera etapa y al nuevo orden urbano que se ha venido generando en la zona con la aparición de este importante centro cultural de proyección internacional.
Está conformada esta segunda etapa por las áreas administrativas, cultural, docente y de servicios generales. La superficie de construcción abarca los 3.489 metros cuadrados, que sumados al área de la primera etapa arroja un total de 5210 metros cuadrados, sin contar los 7 mil metros cuadrados de áreas verdes y estacionamiento. Soto dijo en una ocasión que “este no es un Museo”. Quería decir que el Museo de Artes Moderno no es un museo estático, sino un centro de investigación y de acopio histórico de lo más jalonado del arte moderno. Un centro que nos enseña algo nuevo aunque muchas obras daten de un tiempo fuera de nuestro alcance existencial. Pero ellas como las recientes, también son nuevas y modernas porque sorprendentemente son desconocidas o en su verdadero tiempo no se les dio su valor y se redescubren hoy y vemos que están concatenadas con lo que se hace en el presente y lo que vendrá mañana
Hace tiempo dije en un trabajo sobre el abstraccionismo que pasar por el Museo Soto no es pasar en vano, pues algo nos queda. Un museo, lógicamente como el que nos ocupa, interviene sin que se den cuenta, en la formación del gusto de la gente, en la forma de comportarse, en fin, en su educación. A medida que lo frecuentan lo va sensibilizando hasta para las cosas que son de la vida diaria como sería diseñar o escoger un vestido, comprar unos muebles, decorar la casa o el propio territorio de la intimidad.
Una de las cosas buenas del museo de Artes Moderno, es que nos enfrenta con un arte de situaciones que perturba y reta hasta despertar conflictos y discusiones en busca de verdades. Las obras, en principio, no tratan de explicar nada, sino más bien de plantear situaciones de percepción o situaciones que puedan desatar en la gente una nueva mitología, una nueva visión de la naturaleza que revela cosas a veces existentes que no han sido vistas o decididas por nadie.
En el curso de sus dos primeros decenios pasaron por este museo de arte moderno, cuatro directores: Armando Gil Linares, quien estuvo por espacio de diez años; el italiano Getulio Alviani quien organizó el museo de manera coherente y le dio proyección internacional; la licenciada en filosofía de la estética, Gloria Carnevali, realizadora de una labor profunda, dinámica, de calidad y el arquitecto Freddy Carreño, quien ingresó tras un conflicto entre Soto, Boulton, Alviani y Gloria Carnevali.
Para celebrar su vigésimo aniversario, la dirección artística del Museo programó tres Exposiciones que fueron inauguradas por el Presidente de la República, Ramón  J. Velásquez, denominadas: Los Artistas del Museo, de la Construcción Racional a la Existencia Inestable y Villanueva y el Museo Jesús Soto.